“Crear universos colectivos”

La Semana de la Educación Artística (SEA), es una celebración internacional, impulsada por la UNESCO que busca “sensibilizar a la comunidad internacional sobre la importancia de la educación artística; y promover la diversidad cultural, el diálogo intercultural y la cohesión social”.

En Chile, se celebra desde el 2013 y está dirigida a  niños y niñas y jóvenes en edad escolar, etapa de la enseñanza donde el desarrollo de las artes y la creatividad cumplen un papel fundamental para generar sujetos más libres y conscientes de su entorno. 

Este año 2023 la celebración de la Semana de la Educación Artística se realizará en nuestro país entre el 15 y 19 de mayo del presente año, bajo el lema “Crear universos colectivos”.

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Todos tenemos un talento, quizás no esté desarrollado al cien por ciento, pero es muy entretenido descubrir el talento de alguien que vemos de una forma y, quizás, no imaginamos en otra faceta.

Este es el caso de dos profesoras, quienes nos presentaron parte de su arte. Ambar Araos con su exposición de tejidos y costuras y la profesora Carla Pagliettini exponiendo sus tejidos y vitrales.  Además contamos con dos profesores que nos mostraron parte de su, ya conocido, repertorio artístico,  la profesora Macarena Castro y el profesor Felipe Bravo.  La primera realizó una muestra de trabajos propios y de nuestros estudiantes, mientras Felipe hizo una exposición de algunas de sus hermosas fotografías.

Pequeños y grandes disfrutaron de esta muestra, la que por una semana, adornó el hall y el CRA. 

 

Felicitamos a nuestros profesores y estudiantes por tan hermosos talentos.

¿Habrá algo más característico de Valparaíso que sus cerros de colores, un trolebus pasando por alguna calle del plan o el ascensor que une la aduana con el Paseo 21 de mayo?

En una nueva conmemoración del día del patrimonio, no nos quisimos quedar fuera del trole de la celebración y luego de un paseo por el 21 de mayo, subiendo por el ascensor Artillería, bajamos al plan y nos pusimos a mirar el arcoíris que se forma al juntar los cerros pintados con brocha de alegría y unidos por quebradas que parten en la punta del cerro y casi llegan al borde del mar. 

Todos los que vivimos en este hermoso Valparaíso hemos hecho, alguna vez, este recorrido o parte de el, pero hacerlo en un pasillo es extraño. 

Nos subimos a un trole sin base, que partía en la puerta de la sala de arte y avanzamos raudos y veloces, entre cuadros rojos y cremas, hasta llegar a la puerta de primero básico, donde subimos a un pequeño ascensor, que al abrir su puerta dejaba entrar nuestra imaginación, desde donde pudimos ver el mar, que partía en la sala de tercero básico, reflejado en CDs unidos por la sensación de oleaje y afirmados por la tela del viento.  Casas de fiesta, bailando abrazadas en sus trajes multicolores y afirmándose entre ellas para no doblar sus piernas, nos muestran que, a pesar de lo que pueda pasar, siempre se vuelve a bailar.  En un ladito de la noche porteña, nuestro edificio patrimonial, mira a su costado y, como desde los años de su construcción y crecimiento, mira a sus cerros vecinos llenarse de luz, rodeándolo e invitándolo a bailar, en el vaivén de un día patrimonial.

Una pieza musical, puede ser bailada o cantada, pero siempre será disfrutada. La música es un reflejo de nuestros estados de ánimo. 

La música nos puede llevar a recuerdos añejos o invitarnos a imaginar un futuro imaginario, también nos puede hacer entrar en un salón y disfrutar del canto de un profesor, o mirar detenidamente como un asistente de la educación maneja la guitarra a su antojo y con amor.  También escuchar la melodía de los pasos que danzan y chocan en el centro del escenario.

El profesor Iván, el tío pepe y la profe Yerka nos llevaron a un juego de emociones viéndolos compartir sus talentos musicales, en donde el profe Iván, hizo bailar a todos al ritmo de sus temas más conocidos.  Por su parte, el tío pepe encantó a todos, solo con su guitarra y un micrófono.  De igual forma, el flamenco a paso firme, entró por la puerta principal y descansó a la espera de una concentración que llegó al punto de crearse un silencio, roto solo por la melodía en el aire y los tacos en el piso. La profe Yerca, junto a su amiga Marcela Peralta, mantuvieron el salón mudo de murmullos y sordo de todo lo que no fuera flamenco, hasta que en un momento, junto a un golpe estruendoso, que pareció romper piso y unas cuantas capas de la tierra, se alzaron aplausos que recibieron nuestras bailaoras envueltas en sus cuerpos de guitarra.